Tribute. Un homenajea al videojuego español

Desde los albores de los videojuegos en España, en las décadas de los 80 y 90, surgió una industria vibrante capitaneada por empresas pioneras como Dinamic, Topo Soft, Ópera Soft y distribuidoras como Erbe. Con títulos emblemáticos —Abu Simbel Profanation, La Abadía del Crimen, PC Fútbol— y revistas como MicroHobby, Micromanía y Hobby Consolas, se forjó una Edad de Oro del gaming ibérico.

El mercado generado en España en 2024 alcanzó los 2.400 millones de euros, doblando al sector editorial y cuadruplicando al cine . En este contexto, Vigalondo, reconocido creador de Los Cronocrímenes, Colossal y varias series, emprende este documental como homenaje a su legado cultural.

El origen de la Edad de Oro del videojuego español

Con el título Tribute, Nacho Vigalondo propone un viaje íntimo, emocional y generacional: inicia con su primera experiencia con videojuegos en los años 80 y avanza hasta los streamers actuales. Según él, su punto de vista “es similar al de toda una generación” y busca resaltar las transformaciones de este medio, más intensas que las del cine en cien años .

El formato se compone de entrevistas con videojuegos, creadores y figuras sectoriales: Pablo Ruiz (Dinamic), Paco Pastor (Erbe/Sega), Sonia Herranz (Hobby Consolas), Enrique Urbizu, Conrad Roset y conocidos streamers —IlloJuan, Skain, Baity Bait, Araneae— garantizando una visión polifónica y rica en testimonios.

Del pasado al presente: streamers y revolución digital

Vigalondo explica que Tribute “imita los desórdenes de la memoria”: una “reunión desordenada de amigos soñada por el gamer cuarentón más afortunado del mundo” . Producido por Sayaka Producciones y respaldado por Domino’s Pizza, combina libertad creativa, experimentación visual e improvisación, ofreciendo una experiencia emocional esperando resonar con los espectadores.

Monumento al Gaming

El videojuego español ha vivido en los últimos cuarenta años más transformaciones que el cine en casi un siglo y medio.

Tribute tiene el potencial de convertirse en un documento clave dentro del audiovisual español. Su valor no radica sólo en su contenido informativo, sino en su forma de contar, que escapa al clásico documental cronológico para abrazar el recuerdo emocional. Vigalondo se convierte en narrador y protagonista, representando a una generación marcada por la consola, el joystick y las tardes de alquiler en videoclubs.

El enfoque puede desconcertar a quienes esperen una línea argumental clara o un análisis técnico exhaustivo. Pero esa no es su intención. Tribute es una carta de amor desordenada, a veces caótica, pero profundamente honesta y apasionada. Para quienes crecieron con un Amstrad CPC, una NES o una Mega Drive, el documental promete ser una experiencia de reconocimiento y reencuentro.

La apuesta de Prime Video por este tipo de contenidos demuestra también que el videojuego ha dejado de ser un nicho. Hoy es parte del relato cultural de una sociedad. Tribute llega en un momento ideal para mirar atrás con orgullo y entender mejor cómo hemos llegado hasta aquí. Su estreno puede marcar un antes y un después en cómo se cuentan nuestras propias historias digitales.

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